Animarnos a hablar sobre nuestras experiencias, en forma de anécdota, es tarea bastante sencilla para nosotros los docentes. Pero lograr que esas anécdotas se transformen en profundas reflexiones pedagógicas, yo diría casi filosóficas. he allí el problema. Pues esta tarea nos demandaría analizar críticamente, no tan solo lo que los niños pudieron o no aprender,hacer... sino también qué es lo que nosotros pudimos o no aprender, hacer....
El trabajo realizado por un grupo de docentes del taller de
Huerta Grande